Declaración de México sobre las Políticas Culturales (1982)

En Agosto de1982 se celebró en México D.F. la “Conferencia mundial sobre las políticas culturales”. En esta conferencia se elaboró el texto al que se refiere el encabezado de esta nota: DECLARACIÓN DE MÉXICO SOBRE LAS POLÍTICAS CULTURALES. Han pasado 31 años desde la redacción de esta declaración. El mundo ha cambiado en muchísimos aspectos. En su superficie no es el mismo, en su núcleo seguimos igual.

A la introducción que reproduzco más abajo le siguen la propuesta de 54 principios que deben seguir las políticas culturales gubernamentales para el desarrollo social y cultural de las diferentes sociedades de los países integrados en la UNESCO. Me pregunto si pedir esto, que recomendaba la UNESCO hace 31 años, a nuestros gobernantes-administradores-gestores locales, provinciales, autonómicos y nacionales es pedir demasiado. Insisto, es una declaración de la UNESCO hecha hace 31 años. No es el manifiesto de ningún grupo radical. Es un escrito elaborado desde el sentido común, las prácticas culturales y el conocimiento acumulado a lo largo del siglo XX por las Ciencias Sociales –que fue elaborado, publicado y difundido a instancias de una institución internacional nada sospechosa de radicalidad política, todo lo contrario.

Reproduzco a continuación algunos párrafos. Quién quiera leer el texto completo puede hacerlo aquí: http://portal.unesco.org/culture/es/files/35197/11919413801mexico_sp.pdf/mexico_sp.pdf

DECLARACIÓN:

El mundo ha sufrido hondas transformaciones en los últimos años. Los avances de la ciencia y de la técnica han modificado el lugar del hombre en el mundo y la naturaleza de sus relaciones sociales. La educación y la cultura, cuyo significado y alcance se han ampliado considerablemente, son esenciales para un verdadero desarrollo del individuo y la sociedad.

En nuestros días, no obstante que se han acrecentado las posibilidades de diálogo, la comunidad de naciones confronta también serias dificultades económicas, la desigualdad entre las naciones es creciente, múltiples conflictos y graves tensiones amenazan la paz y la seguridad.

Por tal razón, hoy es más urgente que nunca estrechar la colaboración entre las naciones, garantizar el respeto al derecho de los demás y asegurar el ejercicio de las libertades fundamentales del hombre y de los pueblos y de su derecho a la autodeterminación. Más que nunca es urgente erigir en la mente de cada individuo esos “baluartes de la paz” que, como afirma la Constitución de la UNESCO, pueden construirse principalmente a través de la educación, la ciencia y la cultura.

Al reunirse en México la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales, la comunidad internacional ha decidido contribuir efectivamente al acercamiento entre los pueblos y a la mejor comprensión entre los hombres.

Así, al expresar su esperanza en la convergencia última de los objetivos culturales y espirituales de la humanidad, la Conferencia conviene en:

• que, en su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias,

• y que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

CULTURA Y DEMOCRACIA

17. La Declaración Universal de Derechos Humanos establece en su artículo 27 que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Los Estados deben tomar las medidas necesarias para alcanzar ese objetivo.

18. La cultura procede de la comunidad entera y a ella debe regresar. No puede ser privilegio de elites ni en cuanto a su producción ni en cuanto a sus beneficios. La democracia cultural supone la más amplia participación del individuo y la sociedad en el proceso de creación de bienes culturales, en la toma de decisiones que conciernen a la vida cultural y en la difusión y disfrute de la misma.

19. Se trata, sobre todo, de abrir nuevos cauces a la democracia por la vía de la igualdad de oportunidades en los campos de la educación y de la cultura.

20. Es preciso descentralizar la vida cultural, en lo geográfico y en lo administrativo, asegurando que las instituciones responsables conozcan mejor las preferencias, opciones y necesidades de la sociedad en materia de cultura. Es esencial, en consecuencia, multiplicar las ocasiones de diálogo entre la población y los organismos culturales.

21. Un programa de democratización de la cultura obliga, en primer lugar, a la descentralización de los sitios de recreación y disfrute de las bellas artes. Una política cultural democrática hará posible el disfrute de la excelencia artística en todas las comunidades y entre toda la población.

22. A fin de garantizar la participación de todos los individuos en la vida cultural, es preciso eliminar las desigualdades provenientes, entre otros, del origen y la posición social, de la educación, la nacionalidad, la edad, la lengua, el sexo, las convicciones religiosas, la salud o la pertenencia a grupos étnicos, minoritarios o marginales.

Pacto por la Cultura en Andalucía

La pasada semana se presentó el Pacto por la Cultura en Andalucía. Básicamente, el texto plantea una declaración de intenciones que orientará las políticas culturales de la Junta de Andalucía en los próximos años con unos objetivos que ojalá se cumplan. Todos lo deseamos y el mundo de la cultura andaluza, las personas que hacen posible que la cultura sea algo vivo y tangible, lo necesita. Alabar la propuesta y valorarla se hace necesario.

La desconfianza a la declaración de intenciones del documento viene cuando se piensa que la iniciativa aparece sin un diagnóstico mínimo, que sitúe la vida diaria del mundo cultural andaluz, y de un plano de situación a partir del cual las buenas intenciones se materialicen en actuaciones que faciliten y potencien el desarrollo de las prácticas culturales, las que hacen que lo cultural sea una realidad en Andalucía. No debería ser sólo una puesta en escena propagandística y ceremonial como la del pasado jueves, lo dicho y escrito debe materializarse en la práctica y esa materialización tiene muchas formas y modos de llevarse a cabo.

En el documento se alude a las asociaciones culturales, se habla expresamente de potenciar el asociacionismo cultural. El asociacionismo cultural es una realidad, no todo en la cultura son industrias culturales. La asociaciones culturales sin ánimo de lucro son a la cultura lo que las PYMES a la economía. Las asociaciones culturales, en pueblos, barrios y ciudades, organizan actividades culturales y desarrollan proyectos que de otra manera jamás se realizarían. Con pocos medios, y con trabajo voluntario de sus asociados, llevan la cultura a donde las instituciones no llegan, sus prácticas culturales plantean y posicionan una cultura dinámica y crítica diferente de la que circula por los canales culturales más accesibles al ciudadano. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental de la ciudadanía. Las asociaciones culturales sin ánimo de lucro trabajan con una audiencia cercana, crean nuevos públicos, dan trabajo a creadores y artistas que quedan fuera de los circuitos institucionales. Son vanguardistas, no en el rimbombante sentido artístico-moderno del término vanguardia, sino en la acepción más socio-cultural de la palabra: crean nuevas subjetividades, sensibilidades y conexiones con otros paisajes culturales, proponen lo que las instituciones no llegan a ver, siquiera intuir, porque no aparece en los grandes carteles del espectáculo cultural, agrupan a personas sin más interés que compartir y difundir la afición por las actividades que los reúne. Hacen cultura participativa desde la base social en la que trabajan. Es necesario subrayar la función cultural y social qué desempeñan y el uso qué hacemos los ciudadanos de sus propuestas y actividades culturales. Organizan ciclos de cine, exposiciones, conciertos, festivales de música, teatro, conferencias, radios comunitarias, intercambios culturales, mantienen páginas webs, e-zines, editan libros y revistas, realizan actividades de cercanía que en muchas ocasiones rebasa el ámbito de lo local sin dejar de ser y construir la cultura andaluza.

El documento también habla de potenciar la presencia de la cultura en los medios de comunicación audiovisuales. Los medios de comunicación no sólo son difusores de cultura, son cultura en si mismos y hacen cultura. Su labor de mediación les da una dimensión cultural de tal magnitud y amplitud que son fundamentales a la hora de hablar del desarrollo de la cultura andaluza. En ellos reside una de las claves más importantes de todo lo que estamos hablando. No basta que den cabida a las manifestaciones artísticas. Su forma de entender lo cultural influye en el modo en que la cultura se presenta y como la audiencia la percibe y recepciona. Los medios construyen la percepción de los públicos. En concreto RTVA es fundamental por su audiencia y contenidos. Es algo que los políticos conocen bien, lo utilizan a diario, y podían tenerlo en cuenta para el desarrollo de la cultura en Andalucía. La TV, no sólo entretiene, educa, en el sentido más amplio, denso y controvertido de la palabra.

En estos momentos desde las instituciones autonómicas se están haciendo movimientos muy importantes para el futuro de la sociedad andaluza. Están en marcha la elaboración de la Ley Andaluza de Participación Ciudadana y de la Ley de Comunicación Audiovisual de Andalucía. Algunos de los contenidos del Pacto por la Cultura en Andalucía deberían estar presentes en estas dos leyes que se están elaborando y el Pacto por la Cultura en Andalucía debe tenerlas en cuenta, para que éste deje de ser una declaración de intenciones y se direccione hacia actuaciones políticas concretas que redunden en el desarrollo de sus propuestas. Es fundamental que se establezcan mecanismos de transparencia y control social de las instituciones públicas, en este caso de las culturales, que posibiliten el avance progresivo en la democratización de su funcionamiento con la participación de todos los sectores culturales ciudadanos.