Declaración de México sobre las Políticas Culturales (1982)

En Agosto de1982 se celebró en México D.F. la “Conferencia mundial sobre las políticas culturales”. En esta conferencia se elaboró el texto al que se refiere el encabezado de esta nota: DECLARACIÓN DE MÉXICO SOBRE LAS POLÍTICAS CULTURALES. Han pasado 31 años desde la redacción de esta declaración. El mundo ha cambiado en muchísimos aspectos. En su superficie no es el mismo, en su núcleo seguimos igual.

A la introducción que reproduzco más abajo le siguen la propuesta de 54 principios que deben seguir las políticas culturales gubernamentales para el desarrollo social y cultural de las diferentes sociedades de los países integrados en la UNESCO. Me pregunto si pedir esto, que recomendaba la UNESCO hace 31 años, a nuestros gobernantes-administradores-gestores locales, provinciales, autonómicos y nacionales es pedir demasiado. Insisto, es una declaración de la UNESCO hecha hace 31 años. No es el manifiesto de ningún grupo radical. Es un escrito elaborado desde el sentido común, las prácticas culturales y el conocimiento acumulado a lo largo del siglo XX por las Ciencias Sociales –que fue elaborado, publicado y difundido a instancias de una institución internacional nada sospechosa de radicalidad política, todo lo contrario.

Reproduzco a continuación algunos párrafos. Quién quiera leer el texto completo puede hacerlo aquí: http://portal.unesco.org/culture/es/files/35197/11919413801mexico_sp.pdf/mexico_sp.pdf

DECLARACIÓN:

El mundo ha sufrido hondas transformaciones en los últimos años. Los avances de la ciencia y de la técnica han modificado el lugar del hombre en el mundo y la naturaleza de sus relaciones sociales. La educación y la cultura, cuyo significado y alcance se han ampliado considerablemente, son esenciales para un verdadero desarrollo del individuo y la sociedad.

En nuestros días, no obstante que se han acrecentado las posibilidades de diálogo, la comunidad de naciones confronta también serias dificultades económicas, la desigualdad entre las naciones es creciente, múltiples conflictos y graves tensiones amenazan la paz y la seguridad.

Por tal razón, hoy es más urgente que nunca estrechar la colaboración entre las naciones, garantizar el respeto al derecho de los demás y asegurar el ejercicio de las libertades fundamentales del hombre y de los pueblos y de su derecho a la autodeterminación. Más que nunca es urgente erigir en la mente de cada individuo esos “baluartes de la paz” que, como afirma la Constitución de la UNESCO, pueden construirse principalmente a través de la educación, la ciencia y la cultura.

Al reunirse en México la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales, la comunidad internacional ha decidido contribuir efectivamente al acercamiento entre los pueblos y a la mejor comprensión entre los hombres.

Así, al expresar su esperanza en la convergencia última de los objetivos culturales y espirituales de la humanidad, la Conferencia conviene en:

• que, en su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias,

• y que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

CULTURA Y DEMOCRACIA

17. La Declaración Universal de Derechos Humanos establece en su artículo 27 que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Los Estados deben tomar las medidas necesarias para alcanzar ese objetivo.

18. La cultura procede de la comunidad entera y a ella debe regresar. No puede ser privilegio de elites ni en cuanto a su producción ni en cuanto a sus beneficios. La democracia cultural supone la más amplia participación del individuo y la sociedad en el proceso de creación de bienes culturales, en la toma de decisiones que conciernen a la vida cultural y en la difusión y disfrute de la misma.

19. Se trata, sobre todo, de abrir nuevos cauces a la democracia por la vía de la igualdad de oportunidades en los campos de la educación y de la cultura.

20. Es preciso descentralizar la vida cultural, en lo geográfico y en lo administrativo, asegurando que las instituciones responsables conozcan mejor las preferencias, opciones y necesidades de la sociedad en materia de cultura. Es esencial, en consecuencia, multiplicar las ocasiones de diálogo entre la población y los organismos culturales.

21. Un programa de democratización de la cultura obliga, en primer lugar, a la descentralización de los sitios de recreación y disfrute de las bellas artes. Una política cultural democrática hará posible el disfrute de la excelencia artística en todas las comunidades y entre toda la población.

22. A fin de garantizar la participación de todos los individuos en la vida cultural, es preciso eliminar las desigualdades provenientes, entre otros, del origen y la posición social, de la educación, la nacionalidad, la edad, la lengua, el sexo, las convicciones religiosas, la salud o la pertenencia a grupos étnicos, minoritarios o marginales.

El cómic en la cultura

Los lectores de mi generación recordarán las revistas de cómics que aparecieron en España con la transición, en la segunda mitad de los ´70, y continuaron publicándose a lo largo de la década de los ´80: Totem, El Víbora, Cairo, Metal Hurlant, Vértigo, Viñetas, … . Esta avalancha de cómics para adultos, que llegó con la desaparición de la censura franquista, no cayó por sorpresa. Llovía sobre mojado. Nuestra educación infantil había estado llena de tebeos y personajes del cómic: Asterix, Anacleto, Blueberry, Mortadelo y Filemón, Tintín, Hermanas Gilda, …, en general los tebeos de la editorial Bruguera y algunas otras editoriales de menor distribución.

La historieta no era ajena a nuestra cultura personal, de modo que cuando descubrimos el nuevo cómic para adultos que se publicaba, estuvimos encantados: las historias eróticas de Guido Crepax y Milo Manara, los alucinados mundos futuristas de Moebius y los Humanoides Asociados, las aventuras de Corto Maltes y, sobre todo, los descendientes directos de Mortadelo y Filemón, versión ácrata y gamberra, que publicaba El Víbora: Makoki, Roberto el Carca y otros muchos personajes que formaron parte de la contracultura nacional. La historieta adquirió otra dimensión, pero no defraudó. Los tebeos siguieron formando parte de nuestras lecturas y nuestro entramado cultural. Nuevos personajes saciaron nuestra sed de historias, aventuras y diversión desde el sillón de casa. Después vinieron los mangas, las novelas gráficas y demás variantes actualizadas, que seguían siendo lo mismo pero con otra impronta estilística y temporal, y sobre todo generacional. Los tebeos y las historietas, desde los años ’40 hasta hoy, forman parte de la cultura de todas las generaciones. Aunque, claro, no de todas las personas.

En Andalucía hay excelentes dibujantes de cómics. Sobre todos, nombrar al veterano, entrañable y admirado Nazario. Sevillano en Barcelona y autor de las increíbles historias de Anarcoma en El Víbora desde los años ’80, después ha seguido publicando en álbumes. Hace poco, un colectivo sevillano de aficionados y profesionales, la Asociación Cultural Tebeosfera, ha publicado un descomunal trabajo documental, único en su género: el Gran Catálogo de la Historieta en España 1880-2012. Una guía panorámica de la historieta en nuestro país y su desarrollo iconográfico en la prensa y medios de comunicación. 816 páginas con más de 15.000 colecciones descritas, ilustrada con 650 portadas. Además, Tebeosfera, publica una excelente web-revista. También en Sevilla se edita uno de los blogs más interesantes sobre el cómic en español: Al sur de los tebeos, escrito por Paco Cerrejón, de visita obligada para todos los aficionados.

Con estos precedentes, el famoso Pacto por la Cultura en Andalucía no hace una sola mención al cómic. Igual, la historieta está incluida en el apartado “el libro y la lectura” –la historieta es una actividad creativa relacionada con la industria editorial desde su nacimiento-, o en el apartado “patrimonio cultural” –su ya largo recorrido histórico está vinculado a la tradición moderna y a la cultura de masas-, o en “audiovisual” –las historietas han sido llevadas al cine y la televisión en infinidad de ocasiones, y en muchos casos literalmente, sirviendo sus viñetas de storyboard para el rodaje de los filmes-, o quizás en “artes visuales y creación contemporánea” –algo tan evidente que está contenido en su propia definición y percepción. Es posible que no aparezca porque la historieta puede estar en cualquiera de esos apartados, o en todos a la vez.

En la plataforma para la participación ciudadana, abierta en Internet durante el proceso de elaboración del Pacto, fueron varias las propuestas referidas al cómic y la historieta, que además fueron las más votadas. Hay que recordarlo. Sólo por esto, como por su ubicuidad cultural y dimensión social, hubiera merecido una mención en esta declaración de intenciones para futuras políticas culturales públicas en Andalucía. No hay que olvidar que la historieta como creación y los tebeos como producto son una de las primeras industrias culturales y creativas de la modernidad por su vinculación inicial con la prensa diaria. Ya que parece que lo importante son los gestos públicos en las escenografías políticas oficiales, habría sido un detalle que estuviera citada o mencionada.

“Tenemos el talento, fabriquemos el producto”, es una de las frases más citada por los medios de comunicación, del discurso pronunciado por el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, en la presentación del Pacto por la Cultura en Andalucía. Descontextualizar una frase llama a equívocos, pero hay que subrayar que no sólo tenemos el talento, también tenemos el producto. No es el producto lo que hay que fabricar, es su articulación pública lo que hay que reconstruir y desarrollar. El producto sólo hace falta visualizarlo, reconocerlo, situarse más allá de los espacios comunes y estereotipos culturales y acudir a los quioscos, a las librerías, a Internet, a la calle. Como ocurre con el cómic, ocurre con el resto de la cultura andaluza. ¿Cómo articular su circulación pública para que se desarrolle, crezca y sea el modo de vida de sus creadores? No vale compararla con la Semana Santa y las billeteras y talonarios de los cofrades. La empresa es mucho más ardua y complicada que una simple oposición imaginaria de contrarios.

Cultura y comunicación

Los medios de comunicación masivos son cultura, hacen cultura y transmiten cultura. Desde su capacidad de penetración social, inducen comportamientos, orientan opiniones, transmiten valores y formas de ver y entender el mundo. Desempeñan una función educativa informal fundamental en la formación del imaginario colectivo ciudadano y en las escalas de valores que lo rigen. Su concentración en pocas manos despierta desconfianza y un abierto repudio del ciudadano –que ve detrás de ellos el interés político de grupos económicos, a la vez que el interés económico de grupos políticos. Algo de lo que se habla y escribe desde hace mucho (años ’20 del siglo XX), pero cada día que pasa lo padecemos con más claridad. Sólo hay que prestar atención y comparar como se enfocan las noticias que difunden unos medios y otros, la ridiculización y desacreditación de personajes públicos, no acordes con sus ideas e intereses, o de todo lo que suene a disidencia con el estado de cosas que defienden (jueces, políticos críticos, 15-M, Corralas, PAH, etc,). En una situación social tan complicada y difícil como la que estamos viviendo, está a la orden del día la espectacularización del debate político: siempre más interesado en el anecdotario partidista, que en los problemas y conflictos sociales que implican e incumben a los ciudadanos.

Los ciudadanos de a pié nos preguntamos si en medio de tanto ruido realmente accedemos a una información veraz, que nos facilite elementos de juicio para discernir y encarar el mundo que vivimos, o simplemente estamos entretenidos por la información que nos llega. Una información, por otro lado, unidireccional y difícilmente contestable. En muchos casos extraña a los referentes que nos interesan, los que nos mueven día a día, y dan significado y valor a nuestras vidas. Nos preguntamos si los medios nos consideran sólo consumidores de información o sujetos sociales activos, implicados en la información que difunden.

Todo esto se debatió la pasada semana en el Rectorado de la Universidad de Córdoba, en un encuentro organizado por el Foro Andaluz de Educación, Comunicación y Ciudadanía. El encuentro reunió a diferentes organizaciones, colectivos ciudadanos y profesionales de la comunicación que intercambiaron sus experiencias en torno a la comunicación. El objetivo era dilucidar como el derecho a la información y la comunicación de la ciudadanía puede ser posicionado en la agenda pública de una forma tangible y eficaz.

Tras la conclusión del encuentro, el Foro, emitió un comunicado, “Declaración de Córdoba sobre el derecho a la comunicación”, en el que se subraya que la comunicación pública es un elemento fundamental “para la participación de todos los ciudadanos y ciudadanas en la vida política, económica, cultural y social, no solo a través del derecho a recibir información veraz, sino a emitirla en igualdad de condiciones que otros actores sociales, condición fundamental para el desarrollo pleno de la democracia, así como para que los ciudadanos puedan opinar y actuar libremente”. A la vez, el comunicado reivindica que la futura Ley de Comunicación Audiovisual de Andalucía se haga de manera participada, con todos los agentes implicados en la comunicación. Que asociaciones y organizaciones de profesionales, ONG´s, medios de comunicación de los tres sectores (privados, públicos y comunitarios), y ciudadanía en general, sean actores activos en la construcción de dicha Ley. En definitiva, que se abra un proceso de debate que conduzca a una futura Ley que reconozca de manera efectiva que la comunicación es un derecho, y una práctica ciudadana garante de la democracia participativa, y no sólo un negocio de intereses estratégicos particulares, volcados en la persuasión política y social. En el encuentro también se destacó el papel que desempeñan los medios comunitarios y ciudadanos como alternativa comunicacional (algunos de ellos estaban presentes y participaron en las sesiones), al fomentar la participación ciudadana en el discurso público, dar visibilidad y voz a los grupos y movimientos sociales que se agrupan en torno a ellos y focalizar la información y debates que generan desde su diversidad social.

La cultura es comunicación y la comunicación es básica en la participación democrática y la creatividad social ciudadana. Son sus cimientos, si fallan, no hay nada. Bueno, sí, siempre queda algo: una pantalla de televisión titilando en la oscuridad del salón, a modo de Poltergeist socio-cultural en el que nunca sabremos que pasará con nosotros.

El día (a día) del jazz en Sevilla

En noviembre del 2011 la Unesco proclamó el 30 de abril como Día Internacional del Jazz. El pasado año se celebró este día por primera vez, en medio de una encendida polémica sobre el sentido que tenía un día del jazz en el calendario. Al fin y al cabo, planteaban unos, es como llamarse Pepe y celebrar el día de San José con los familiares y amigos más próximos. Una ocasión para compartir el día entre músicos y aficionados y recordar a todos que la música de jazz está viva y sonando en todo el mundo. Aunque, decían otros, celebrar el jazz es apoyarlo todos los días en su itinerario cotidiano, que es donde se hace y construye, donde es necesario que las instituciones públicas den su apoyo y escuchen lo que los músicos y los responsables de organizar conciertos en cafés y clubes demandan para su supervivencia diaria. El jazz no es la celebración de un día al año, es un día a día continuado todo el año.

Este año el Centro de las Artes de Sevilla se ha sumado a la celebración del Día Internacional del Jazz con un concierto del trío sevillano Malheur, de entrada gratuita. También el Teatro de la Maestranza de Sevilla celebró el día con la actuación de Ana Cisneros Jazz Trío en la Sala Manuel García. Por su parte, la Asociación Sevillana de Jazz, ASSEJAZZ, que reúne a muchos músicos y aficionados al jazz de la ciudad, organizó el fin de semana precedente, del 26 al 28 de Abril, el Festival de Jazz ASSEJAZZ 2013, en su sede de La Carpa junto al Polígono Store. Por su parte en el Cicus, Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla, y en el Teatro Alameda la asociación musical y cultural Crazy People organizó el I Festival de Swing de Sevilla, también el viernes 26 y sábado 27 de abril. Como se ve, Sevilla no ha parado en torno al Día Internacional del Jazz.

Se puede decir que Sevilla es una ciudad donde el jazz tiene un peso cultural importante, cimentado a lo largo de varias décadas, aunque callado y poco reconocido. El primer club de jazz de la ciudad fue el Hot Club Sevilla de Jazz, abierto a mediados de los años sesenta en la calle Francos. Su fundador, Manuel Manosalvas Gallardo, presentaba en Radio Nacional de España, en Sevilla, el programa de radio Jazz Panorama y poco después, en Radio Vida, realizó Esto es Jazz. A finales de los ’70, tuvo lugar la primera edición del Festival de Jazz de Sevilla, organizado por el colectivo Free Way. En esa misma época comienza la apertura de locales de jazz que a lo largo de los años han permitido escuchar jazz en directo: Pub Tartufo, El Violonchelo Jazz, Be-Bop, Acuarela, Tatamba, Panecitos, Contrapunto, Orfeo, El Patio, Blue Moon, Bar el Sol…, apareciendo y desapareciendo hasta llegar al día de hoy. En la actualidad se puede escuchar jazz en directo en el Café Jazz Naima, en la calle Trajano nº 47, en el Jazz Corner en el Polígono Calonge y en el Café Eureka en Alameda de Hércules 65; además están el Soberao Jazz en Dos Hermanas y La Carpa, sede de Assejazz, al final de la Carretera Carmona. Se emiten programas de radio dedicados al jazz en varias emisoras, como Radiópolis FM, Radio Guadaira y Radio Abierta, entre otras. También está la web Apolo y Baco, una web de referencia hecha en Sevilla que proporciona una basta información sobre el jazz en el mundo, biografías de músicos, grabaciones emblemáticas, publicaciones, su historia y mucha más información adicional de interés general.

La actividad institucional en torno al jazz se desarrolla en la ciudad en diferentes ciclos y festivales a lo largo del año. Por sus características, Jazz Viene del Sur-Jazz en Noviembre, en el Teatro Central, es el acontecimiento más importante y esperado en Sevilla, junto al Festival Internacional de Jazz, organizado por la Universidad Hispalense, con 15 ediciones de excelente nivel. El Teatro de la Maestranza programa algunos conciertos con figuras importantes del jazz del momento y el ciclo de verano Noches del Real Alcázar de Sevilla, patrocinado por el Área de Cultura del Ayuntamiento, da cabida a conciertos de jazz en su programación. La crisis económica ha provocado la desaparición, ojalá que sea temporal, del Festival de Jazz de la Provincia, organizado por la Diputación Provincial, que llevaba conciertos de jazz a localidades de la provincia de Sevilla. También ha desaparecido el ciclo de conciertos Risings Star patrocinado por Caja San Fernando, después Cajasol, en la Sala Chicarreros –más que sobresaliente por la visión, calidad y nivel de su programación. Este ciclo consistía en tres conciertos mensuales entre los meses de octubre y mayo. En 10 temporadas ofreció 194 conciertos, desde el año 2000 al 2009, en Sevilla, Cádiz y Jerez.

De todas las instituciones públicas, la Universidad de Sevilla ha sido pionera en la creación de programas culturales referidos al Jazz –desde el inicio de la década de los noventa. Además de los festivales internacionales que realiza ha llevado a cabo ciclos de jazz, talleres para músicos, y una serie de actividades continuadas en el tiempo que muestran como una institución local, ahora Cicus, con creatividad en la gestión y sentido común, puede colaborar para que la presencia del jazz en la programación de una institución no sea sólo la realización esporádica de conciertos, sino a la vez un apoyo efectivo a los músicos locales y su música.

En el ámbito privado, Café Jazz Naima organiza a finales de verano talleres para músicos y aficionados en la Sierra de Aracena; ASSEJAZZ, en La Carpa, organiza talleres y jam sessions, igual que Jazz Corner. Importante señalar el trabajo de Soberao Jazz en Dos Hermanas, que además de su actividad continuada a lo largo del año organiza el Festival Andaluz de Jazz en el mes de Marzo. Soberao Jazz es toda una institución en el jazz sevillano junto al Café Jazz Naima.

Sevilla tiene hoy, alrededor del jazz, un circuito de actividades que muestra una cultura jazzística notable y arraigada, equiparable a otros espacios creativos más encumbrados: actuaciones en directo, festivales, conciertos, seminarios, talleres, publicaciones, programas de radio…, y sobre todo, lo más importante, un numeroso grupo de músicos de una gran calidad que desarrollan su trabajo en la ciudad, día a día, a pesar de las dificultades.

Pacto por la Cultura en Andalucía

La pasada semana se presentó el Pacto por la Cultura en Andalucía. Básicamente, el texto plantea una declaración de intenciones que orientará las políticas culturales de la Junta de Andalucía en los próximos años con unos objetivos que ojalá se cumplan. Todos lo deseamos y el mundo de la cultura andaluza, las personas que hacen posible que la cultura sea algo vivo y tangible, lo necesita. Alabar la propuesta y valorarla se hace necesario.

La desconfianza a la declaración de intenciones del documento viene cuando se piensa que la iniciativa aparece sin un diagnóstico mínimo, que sitúe la vida diaria del mundo cultural andaluz, y de un plano de situación a partir del cual las buenas intenciones se materialicen en actuaciones que faciliten y potencien el desarrollo de las prácticas culturales, las que hacen que lo cultural sea una realidad en Andalucía. No debería ser sólo una puesta en escena propagandística y ceremonial como la del pasado jueves, lo dicho y escrito debe materializarse en la práctica y esa materialización tiene muchas formas y modos de llevarse a cabo.

En el documento se alude a las asociaciones culturales, se habla expresamente de potenciar el asociacionismo cultural. El asociacionismo cultural es una realidad, no todo en la cultura son industrias culturales. La asociaciones culturales sin ánimo de lucro son a la cultura lo que las PYMES a la economía. Las asociaciones culturales, en pueblos, barrios y ciudades, organizan actividades culturales y desarrollan proyectos que de otra manera jamás se realizarían. Con pocos medios, y con trabajo voluntario de sus asociados, llevan la cultura a donde las instituciones no llegan, sus prácticas culturales plantean y posicionan una cultura dinámica y crítica diferente de la que circula por los canales culturales más accesibles al ciudadano. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental de la ciudadanía. Las asociaciones culturales sin ánimo de lucro trabajan con una audiencia cercana, crean nuevos públicos, dan trabajo a creadores y artistas que quedan fuera de los circuitos institucionales. Son vanguardistas, no en el rimbombante sentido artístico-moderno del término vanguardia, sino en la acepción más socio-cultural de la palabra: crean nuevas subjetividades, sensibilidades y conexiones con otros paisajes culturales, proponen lo que las instituciones no llegan a ver, siquiera intuir, porque no aparece en los grandes carteles del espectáculo cultural, agrupan a personas sin más interés que compartir y difundir la afición por las actividades que los reúne. Hacen cultura participativa desde la base social en la que trabajan. Es necesario subrayar la función cultural y social qué desempeñan y el uso qué hacemos los ciudadanos de sus propuestas y actividades culturales. Organizan ciclos de cine, exposiciones, conciertos, festivales de música, teatro, conferencias, radios comunitarias, intercambios culturales, mantienen páginas webs, e-zines, editan libros y revistas, realizan actividades de cercanía que en muchas ocasiones rebasa el ámbito de lo local sin dejar de ser y construir la cultura andaluza.

El documento también habla de potenciar la presencia de la cultura en los medios de comunicación audiovisuales. Los medios de comunicación no sólo son difusores de cultura, son cultura en si mismos y hacen cultura. Su labor de mediación les da una dimensión cultural de tal magnitud y amplitud que son fundamentales a la hora de hablar del desarrollo de la cultura andaluza. En ellos reside una de las claves más importantes de todo lo que estamos hablando. No basta que den cabida a las manifestaciones artísticas. Su forma de entender lo cultural influye en el modo en que la cultura se presenta y como la audiencia la percibe y recepciona. Los medios construyen la percepción de los públicos. En concreto RTVA es fundamental por su audiencia y contenidos. Es algo que los políticos conocen bien, lo utilizan a diario, y podían tenerlo en cuenta para el desarrollo de la cultura en Andalucía. La TV, no sólo entretiene, educa, en el sentido más amplio, denso y controvertido de la palabra.

En estos momentos desde las instituciones autonómicas se están haciendo movimientos muy importantes para el futuro de la sociedad andaluza. Están en marcha la elaboración de la Ley Andaluza de Participación Ciudadana y de la Ley de Comunicación Audiovisual de Andalucía. Algunos de los contenidos del Pacto por la Cultura en Andalucía deberían estar presentes en estas dos leyes que se están elaborando y el Pacto por la Cultura en Andalucía debe tenerlas en cuenta, para que éste deje de ser una declaración de intenciones y se direccione hacia actuaciones políticas concretas que redunden en el desarrollo de sus propuestas. Es fundamental que se establezcan mecanismos de transparencia y control social de las instituciones públicas, en este caso de las culturales, que posibiliten el avance progresivo en la democratización de su funcionamiento con la participación de todos los sectores culturales ciudadanos.