El primer jazz en Sevilla

Hace unos meses leía el libro Oscar Alemán, la guitarra embrujada, del historiador y periodista argentino Sergio Pujol. En él se narra la biografía del guitarrista, también argentino, Oscar Alemán. La lectura de este libro es muy recomendable para todos aquellos aficionados interesados en conocer la historia del jazz más allá de la narrativa construida en torno al jazz norteamericano. Especialmente interesantes los capítulos centrales, que dan cuenta del periplo europeo del músico: su estancia de 1930 a 1940 en el cosmopolita París de entreguerras, las jamsessions en el Hot Club de Francia, su amistad con Django Reinhardt y su inmersión en el ambiente jazzístico y cultural de Montmartre –el Harlem parisino, donde estaba fraguándose el primer jazz no norteamericano con sonoridad propia. Una época de gran efervescencia cultural y creativa en la que París fue el centro del mundo artístico internacional; era el París de André Bretón y los surrealistas, Lawrence Durrell, Chagall, Giacometti, Anais Nin, Henry Miller y los expatriados norteamericanos que se instalaron en la ciudad tras el crack financiero del 29.

Pujol cuenta como Alemán dejó Buenos Aires camino de Europa, vía Montevideo con destino al puerto de Cádiz, en 1929. En Buenos Aires formaba parte del dúo de guitarras Les Loups, junto al guitarrista brasileño Gastón Bueno Lobo. Allí conocieron al bailarín Harry Flemming que estaba de gira por América del Sur con su compañía de revista, presentando el espectáculo “Hello Jazz, Dos horas en Nueva York”. Flemming los contrató para su espectáculo y con él viajaron a Europa. Una vez en España, la compañía de Flemming, comenzó una gira que los llevó a las principales ciudades de la península. Recordé que Jorge García, en su texto “El trazo del jazz en España”, en el catálogo de la exposición Jazz en la BNE, El ruido alegre, habla de esta gira de Flemming como una de las primeras actividades jazzísticas importantes en España y señala su paso por Sevilla durante la Exposición Iberoamericana de 1929. Así que acudí a Google y buscando información encontré en Internet una nota publicada en el diario ABC de Sevilla el día 20 de Octubre de 1929 donde, en pocas líneas, se reseña su presentación el día anterior en el Teatro Cervantes de la ciudad, “Harry Flemming en el Cervantes”:   Continuar leyendo.

 

Declaración de México sobre las Políticas Culturales (1982)

En Agosto de1982 se celebró en México D.F. la “Conferencia mundial sobre las políticas culturales”. En esta conferencia se elaboró el texto al que se refiere el encabezado de esta nota: DECLARACIÓN DE MÉXICO SOBRE LAS POLÍTICAS CULTURALES. Han pasado 31 años desde la redacción de esta declaración. El mundo ha cambiado en muchísimos aspectos. En su superficie no es el mismo, en su núcleo seguimos igual.

A la introducción que reproduzco más abajo le siguen la propuesta de 54 principios que deben seguir las políticas culturales gubernamentales para el desarrollo social y cultural de las diferentes sociedades de los países integrados en la UNESCO. Me pregunto si pedir esto, que recomendaba la UNESCO hace 31 años, a nuestros gobernantes-administradores-gestores locales, provinciales, autonómicos y nacionales es pedir demasiado. Insisto, es una declaración de la UNESCO hecha hace 31 años. No es el manifiesto de ningún grupo radical. Es un escrito elaborado desde el sentido común, las prácticas culturales y el conocimiento acumulado a lo largo del siglo XX por las Ciencias Sociales –que fue elaborado, publicado y difundido a instancias de una institución internacional nada sospechosa de radicalidad política, todo lo contrario.

Reproduzco a continuación algunos párrafos. Quién quiera leer el texto completo puede hacerlo aquí: http://portal.unesco.org/culture/es/files/35197/11919413801mexico_sp.pdf/mexico_sp.pdf

DECLARACIÓN:

El mundo ha sufrido hondas transformaciones en los últimos años. Los avances de la ciencia y de la técnica han modificado el lugar del hombre en el mundo y la naturaleza de sus relaciones sociales. La educación y la cultura, cuyo significado y alcance se han ampliado considerablemente, son esenciales para un verdadero desarrollo del individuo y la sociedad.

En nuestros días, no obstante que se han acrecentado las posibilidades de diálogo, la comunidad de naciones confronta también serias dificultades económicas, la desigualdad entre las naciones es creciente, múltiples conflictos y graves tensiones amenazan la paz y la seguridad.

Por tal razón, hoy es más urgente que nunca estrechar la colaboración entre las naciones, garantizar el respeto al derecho de los demás y asegurar el ejercicio de las libertades fundamentales del hombre y de los pueblos y de su derecho a la autodeterminación. Más que nunca es urgente erigir en la mente de cada individuo esos “baluartes de la paz” que, como afirma la Constitución de la UNESCO, pueden construirse principalmente a través de la educación, la ciencia y la cultura.

Al reunirse en México la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales, la comunidad internacional ha decidido contribuir efectivamente al acercamiento entre los pueblos y a la mejor comprensión entre los hombres.

Así, al expresar su esperanza en la convergencia última de los objetivos culturales y espirituales de la humanidad, la Conferencia conviene en:

• que, en su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias,

• y que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

CULTURA Y DEMOCRACIA

17. La Declaración Universal de Derechos Humanos establece en su artículo 27 que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Los Estados deben tomar las medidas necesarias para alcanzar ese objetivo.

18. La cultura procede de la comunidad entera y a ella debe regresar. No puede ser privilegio de elites ni en cuanto a su producción ni en cuanto a sus beneficios. La democracia cultural supone la más amplia participación del individuo y la sociedad en el proceso de creación de bienes culturales, en la toma de decisiones que conciernen a la vida cultural y en la difusión y disfrute de la misma.

19. Se trata, sobre todo, de abrir nuevos cauces a la democracia por la vía de la igualdad de oportunidades en los campos de la educación y de la cultura.

20. Es preciso descentralizar la vida cultural, en lo geográfico y en lo administrativo, asegurando que las instituciones responsables conozcan mejor las preferencias, opciones y necesidades de la sociedad en materia de cultura. Es esencial, en consecuencia, multiplicar las ocasiones de diálogo entre la población y los organismos culturales.

21. Un programa de democratización de la cultura obliga, en primer lugar, a la descentralización de los sitios de recreación y disfrute de las bellas artes. Una política cultural democrática hará posible el disfrute de la excelencia artística en todas las comunidades y entre toda la población.

22. A fin de garantizar la participación de todos los individuos en la vida cultural, es preciso eliminar las desigualdades provenientes, entre otros, del origen y la posición social, de la educación, la nacionalidad, la edad, la lengua, el sexo, las convicciones religiosas, la salud o la pertenencia a grupos étnicos, minoritarios o marginales.

El cómic en la cultura

Los lectores de mi generación recordarán las revistas de cómics que aparecieron en España con la transición, en la segunda mitad de los ´70, y continuaron publicándose a lo largo de la década de los ´80: Totem, El Víbora, Cairo, Metal Hurlant, Vértigo, Viñetas, … . Esta avalancha de cómics para adultos, que llegó con la desaparición de la censura franquista, no cayó por sorpresa. Llovía sobre mojado. Nuestra educación infantil había estado llena de tebeos y personajes del cómic: Asterix, Anacleto, Blueberry, Mortadelo y Filemón, Tintín, Hermanas Gilda, …, en general los tebeos de la editorial Bruguera y algunas otras editoriales de menor distribución.

La historieta no era ajena a nuestra cultura personal, de modo que cuando descubrimos el nuevo cómic para adultos que se publicaba, estuvimos encantados: las historias eróticas de Guido Crepax y Milo Manara, los alucinados mundos futuristas de Moebius y los Humanoides Asociados, las aventuras de Corto Maltes y, sobre todo, los descendientes directos de Mortadelo y Filemón, versión ácrata y gamberra, que publicaba El Víbora: Makoki, Roberto el Carca y otros muchos personajes que formaron parte de la contracultura nacional. La historieta adquirió otra dimensión, pero no defraudó. Los tebeos siguieron formando parte de nuestras lecturas y nuestro entramado cultural. Nuevos personajes saciaron nuestra sed de historias, aventuras y diversión desde el sillón de casa. Después vinieron los mangas, las novelas gráficas y demás variantes actualizadas, que seguían siendo lo mismo pero con otra impronta estilística y temporal, y sobre todo generacional. Los tebeos y las historietas, desde los años ’40 hasta hoy, forman parte de la cultura de todas las generaciones. Aunque, claro, no de todas las personas.

En Andalucía hay excelentes dibujantes de cómics. Sobre todos, nombrar al veterano, entrañable y admirado Nazario. Sevillano en Barcelona y autor de las increíbles historias de Anarcoma en El Víbora desde los años ’80, después ha seguido publicando en álbumes. Hace poco, un colectivo sevillano de aficionados y profesionales, la Asociación Cultural Tebeosfera, ha publicado un descomunal trabajo documental, único en su género: el Gran Catálogo de la Historieta en España 1880-2012. Una guía panorámica de la historieta en nuestro país y su desarrollo iconográfico en la prensa y medios de comunicación. 816 páginas con más de 15.000 colecciones descritas, ilustrada con 650 portadas. Además, Tebeosfera, publica una excelente web-revista. También en Sevilla se edita uno de los blogs más interesantes sobre el cómic en español: Al sur de los tebeos, escrito por Paco Cerrejón, de visita obligada para todos los aficionados.

Con estos precedentes, el famoso Pacto por la Cultura en Andalucía no hace una sola mención al cómic. Igual, la historieta está incluida en el apartado “el libro y la lectura” –la historieta es una actividad creativa relacionada con la industria editorial desde su nacimiento-, o en el apartado “patrimonio cultural” –su ya largo recorrido histórico está vinculado a la tradición moderna y a la cultura de masas-, o en “audiovisual” –las historietas han sido llevadas al cine y la televisión en infinidad de ocasiones, y en muchos casos literalmente, sirviendo sus viñetas de storyboard para el rodaje de los filmes-, o quizás en “artes visuales y creación contemporánea” –algo tan evidente que está contenido en su propia definición y percepción. Es posible que no aparezca porque la historieta puede estar en cualquiera de esos apartados, o en todos a la vez.

En la plataforma para la participación ciudadana, abierta en Internet durante el proceso de elaboración del Pacto, fueron varias las propuestas referidas al cómic y la historieta, que además fueron las más votadas. Hay que recordarlo. Sólo por esto, como por su ubicuidad cultural y dimensión social, hubiera merecido una mención en esta declaración de intenciones para futuras políticas culturales públicas en Andalucía. No hay que olvidar que la historieta como creación y los tebeos como producto son una de las primeras industrias culturales y creativas de la modernidad por su vinculación inicial con la prensa diaria. Ya que parece que lo importante son los gestos públicos en las escenografías políticas oficiales, habría sido un detalle que estuviera citada o mencionada.

“Tenemos el talento, fabriquemos el producto”, es una de las frases más citada por los medios de comunicación, del discurso pronunciado por el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, en la presentación del Pacto por la Cultura en Andalucía. Descontextualizar una frase llama a equívocos, pero hay que subrayar que no sólo tenemos el talento, también tenemos el producto. No es el producto lo que hay que fabricar, es su articulación pública lo que hay que reconstruir y desarrollar. El producto sólo hace falta visualizarlo, reconocerlo, situarse más allá de los espacios comunes y estereotipos culturales y acudir a los quioscos, a las librerías, a Internet, a la calle. Como ocurre con el cómic, ocurre con el resto de la cultura andaluza. ¿Cómo articular su circulación pública para que se desarrolle, crezca y sea el modo de vida de sus creadores? No vale compararla con la Semana Santa y las billeteras y talonarios de los cofrades. La empresa es mucho más ardua y complicada que una simple oposición imaginaria de contrarios.

Cultura y comunicación

Los medios de comunicación masivos son cultura, hacen cultura y transmiten cultura. Desde su capacidad de penetración social, inducen comportamientos, orientan opiniones, transmiten valores y formas de ver y entender el mundo. Desempeñan una función educativa informal fundamental en la formación del imaginario colectivo ciudadano y en las escalas de valores que lo rigen. Su concentración en pocas manos despierta desconfianza y un abierto repudio del ciudadano –que ve detrás de ellos el interés político de grupos económicos, a la vez que el interés económico de grupos políticos. Algo de lo que se habla y escribe desde hace mucho (años ’20 del siglo XX), pero cada día que pasa lo padecemos con más claridad. Sólo hay que prestar atención y comparar como se enfocan las noticias que difunden unos medios y otros, la ridiculización y desacreditación de personajes públicos, no acordes con sus ideas e intereses, o de todo lo que suene a disidencia con el estado de cosas que defienden (jueces, políticos críticos, 15-M, Corralas, PAH, etc,). En una situación social tan complicada y difícil como la que estamos viviendo, está a la orden del día la espectacularización del debate político: siempre más interesado en el anecdotario partidista, que en los problemas y conflictos sociales que implican e incumben a los ciudadanos.

Los ciudadanos de a pié nos preguntamos si en medio de tanto ruido realmente accedemos a una información veraz, que nos facilite elementos de juicio para discernir y encarar el mundo que vivimos, o simplemente estamos entretenidos por la información que nos llega. Una información, por otro lado, unidireccional y difícilmente contestable. En muchos casos extraña a los referentes que nos interesan, los que nos mueven día a día, y dan significado y valor a nuestras vidas. Nos preguntamos si los medios nos consideran sólo consumidores de información o sujetos sociales activos, implicados en la información que difunden.

Todo esto se debatió la pasada semana en el Rectorado de la Universidad de Córdoba, en un encuentro organizado por el Foro Andaluz de Educación, Comunicación y Ciudadanía. El encuentro reunió a diferentes organizaciones, colectivos ciudadanos y profesionales de la comunicación que intercambiaron sus experiencias en torno a la comunicación. El objetivo era dilucidar como el derecho a la información y la comunicación de la ciudadanía puede ser posicionado en la agenda pública de una forma tangible y eficaz.

Tras la conclusión del encuentro, el Foro, emitió un comunicado, “Declaración de Córdoba sobre el derecho a la comunicación”, en el que se subraya que la comunicación pública es un elemento fundamental “para la participación de todos los ciudadanos y ciudadanas en la vida política, económica, cultural y social, no solo a través del derecho a recibir información veraz, sino a emitirla en igualdad de condiciones que otros actores sociales, condición fundamental para el desarrollo pleno de la democracia, así como para que los ciudadanos puedan opinar y actuar libremente”. A la vez, el comunicado reivindica que la futura Ley de Comunicación Audiovisual de Andalucía se haga de manera participada, con todos los agentes implicados en la comunicación. Que asociaciones y organizaciones de profesionales, ONG´s, medios de comunicación de los tres sectores (privados, públicos y comunitarios), y ciudadanía en general, sean actores activos en la construcción de dicha Ley. En definitiva, que se abra un proceso de debate que conduzca a una futura Ley que reconozca de manera efectiva que la comunicación es un derecho, y una práctica ciudadana garante de la democracia participativa, y no sólo un negocio de intereses estratégicos particulares, volcados en la persuasión política y social. En el encuentro también se destacó el papel que desempeñan los medios comunitarios y ciudadanos como alternativa comunicacional (algunos de ellos estaban presentes y participaron en las sesiones), al fomentar la participación ciudadana en el discurso público, dar visibilidad y voz a los grupos y movimientos sociales que se agrupan en torno a ellos y focalizar la información y debates que generan desde su diversidad social.

La cultura es comunicación y la comunicación es básica en la participación democrática y la creatividad social ciudadana. Son sus cimientos, si fallan, no hay nada. Bueno, sí, siempre queda algo: una pantalla de televisión titilando en la oscuridad del salón, a modo de Poltergeist socio-cultural en el que nunca sabremos que pasará con nosotros.

Encuentros personales

Hay personas que siempre se repiten en la conversación. Son monotemáticas. Siempre hablan del mismo tema: ellas mismas. Se dice que los artistas adolecen de esta actitud. No es cierto. Es una actitud diseminada por todos los ámbitos profesionales y sociales. Es una actitud humana. Hay personas pelmazas que, cuando te encuentras con ellas, sólo hablan de si mismas. Les preguntas: ¿como estás?, y te actualizan su curriculum. Antes, hace mucho, cuando me topaba con una de estas personas las escuchaba estoicamente. Mi padre me enseñó que escuchar a los otros, además de un gesto de buena educación, es parte del aprendizaje cotidiano de cualquier persona sensata. También, al ser poco hablador, escucho. Ahora las dejo hablando y me voy. Algunas ya me odian, dicen que soy un maleducado, un impertinente prepotente. En realidad, lo único que hago es proteger mi bienestar. A un amigo puedo escucharlo hasta la saciedad, es amigo y su vida me interesa en el afecto que nos une. A una persona con más lejanía afectiva, y que además se repite en cada encuentro, la dejo hablando y sigo mi camino, aunque no vaya a ninguna parte.

Igual ocurre con las personas toxicas. Las que siempre critican a los otros sin nombrarlos. Te pillan por banda y te emponzoñan con mil historias que no vienen al caso. Sin decir nada directamente, la literalidad no es su modo de expresión, descalifican a unos y a otros, y de paso a ti, en el mismo monólogo. Cuando se van, te preguntas porque no le has dicho esto o aquello, porque no has dejado las cosas en su sitio. No puedes, no tienes su malicia. Además, no te da tiempo: no paran de hablar, no te dejan hablar. A éstas personas mejor saludarlas a distancia, sin cruzar de acera, tienes prisa y te esperan para cualquier asunto urgente. Una estrategia de preservación del bienestar mental. Si no, acabas con el malestar de lo escuchado, incordiándote, durante el resto del día. Te machacan gratuitamente con sus elipsis difamadoras. Cuando tu inicial actitud hacia estas personas, afable y cordial, se va transformando en manifiesta e irreprimible hostilidad hacia ellas, te llaman cínico: tienes dos caras. Cierto, sin darte cuenta, te desdoblas radicalmente y aparece tu lado más hostil. Jekill y Hide en pocos segundos. Lo peor de todo es que ahora, con las redes sociales, los chats y el correo electrónico, no puedes escapar. Te pillan directamente. Ni catalogarlos como spam sirve para librarte de ellas. Sea como sea, llegan hasta ti.

El tercer grupo de pelmazos son los iluminados. Los que en algún momento de su vida sustituyeron a Dios por algún otro principio activo. Cualquier tema que aparezca en la conversación es producto de su causa primera –que interpolan cada vez que pueden. Naturalmente no comulgas con su catecismo, es tan personal e irreductible que es imposible compartirlo: te contradicen a cada frase dicha que no encaja en su credo particular. Te exigen una coherencia con sus ideas que naturalmente ni mantienes, ni tienes, y nunca sabes si lo que dicen en verdad lo piensan o están aplicando lo aprendido en algún manual divulgativo. Su inapelable verdad revelada es quebradiza y contradictoria en el complicado día a día de cualquier persona. En cierto modo son soportables por predecibles: ya sabes que traspapelan valores con principios, razones con dogmas o argumentos con fe. Piensas en Juliano el Apóstata o invocas a los ilustrados mientras escuchas sin saber si piensan o recitan.

Los vestidos de Zurbarán

Una amiga me escribe un correo electrónico en el que dice:  Se me pone la piel de gallina.  Si ese es el discurso museográfico, además del capital invertido en el conjunto de la muestra… una auténtica salvajada, retrata la “VISIÓN CULTURAL” municipal.  Maniqueísmo puro y duro vestido de moda y glamour, que no de modernidad.

Mi amiga suele ser contundente en sus opiniones. Después de ordenar sus apreciaciones, poco que decir. La exposición, “Santas de Zurbarán: Devoción y Persuasión”, queda esbozada en su comentario. Aunque la parafernalia promocional mediática que la acompaña da para mucho más y permite hacerse una idea de lo que después te encuentras al visitar la exposición. Con repasar los comentarios que la prensa local ha publicado de personas implicadas, o responsables de la exposición, es más que suficiente para hacerse un bosquejo de las ideas que bullen en la muestra.

Busquen en la prensa local y lean las declaraciones que la acompañan. No falta el manido argumento de la promoción de la ciudad y su cultura. Luis Odriozola, director comercial de la Territorial Sur de BBVA, entidad que patrocina el apartado textil de la exposición, comenta: “Es un proyecto excelente, atractivo e innovador cuya singularidad hará que sea exportable y que dé a conocer Sevilla y su cultura en otras capitales españolas”. Aunque entre los diseñadores que participan sólo los omnipresentes Victorio y Lucchino son diseñadores que viven en la ciudad. Seguramente Odriozola se refiere a la cultura del barroco, heredada, o a la visión de lo cultural del actual gobierno del Ayuntamiento de Sevilla. Por su parte, el diseñador de moda sevillano, Petro Valverde, escribió una carta de protesta al alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, por su no inclusión en la muestra. A Ágatha Ruiz de la Prada no le gustó que Eva Yerbabuena se atreviera a desmontar su traje para su espectáculo de baile: “Pero al final sois todos adorables aquí y ya está olvidado”. Seguramente, posible reportaje en “Hola” o “Diez Minutos”. Para el alcalde de Sevilla Juan Ignacio Zoido: “nunca se había hecho una exposición que analizara con ojos del presente la producción pasada de Zurbarán, sobre todo sus santas, ricamente vestidas para el martirio”. El diseñador Elio Berhanyer, director artístico de la exposición, se deja llevar por la euforia y la califica como “el mayor homenaje creativo que se ha hecho nunca a un pintor” y continua entusiasmado: “Y cuando los Príncipes le cuenten a la Reina lo maravilloso que es todo, seguro que vendrá también”. Por otro lado, el comisario científico de la muestra, Benito Navarrete, señaló que “en tiempos de crisis lo único que tenemos es la belleza”. Sin comentarios… Continua Benito Navarrete en otro lugar: “Y al sevillano no le costará nada entrar y gozar de esta belleza. Creo que somos muy generosos con la ciudad.” Increíble, pero cierto. Olvida quién paga la exposición. Quién paga su sueldo, el del alcalde y demás “generosos con los sevillanos”. Se agradece que no tengamos que pagar la entrada, pero me pregunto de que lado está la generosidad, de la de los sevillanos que les pagamos a través de nuestros impuestos o de la de ellos que cobran. En fin, lo reseñado da una idea del discurso de los organizadores, las mentes pensantes que han puesto en pié la muestra.

¿La exposición en si? Vayan y véanla. Después de lo que nos ha costado, aprovechen. Háganse una opinión por ustedes mismos. Recorran el espacio expositivo y disfruten de las pinturas de Zurbarán, juntas en una misma sala, una tras otra. El placer del paseo no se lo va a quitar nadie. Ni aún sabiendo que la muestra le ha costado al Ayuntamiento de Sevilla 275.000 euros,  mientras la cultura local sobrevive en medio de la inanición económica, y que el BBVA, en medio de desahucios inmisericordes, ha aportado 150.000 euros destinados a la producción de las obras de los diseñadores. En total, 425.000 euros.

La gestualidad glamurosa que rodea esta exposición, en los tiempos que corren, provoca muchos calificativos, indigna. Claro que es mi opinión. Ya les digo: vayan y háganse la suya. Pregúntense ante lo visto, qué aporta la cultura sevillana a esta exposición y qué aporta esta exposición a la cultura sevillana. Si la refleja en algún aspecto. No hablo de la cultura del barroco, claro, sino de la actual, la de la ciudad hoy. Comparen el trabajo de los diseñadores de moda con los vestidos pintados por Zurbarán. Vean el video que se proyecta en la entreplanta. Más allá del esteticismo dominante, en la concepción de la exposición y en su puesta en escena, la música ambiente y la belleza del claustro del antiguo convento de Santa Clara merecen una visita.

Otra persona me decía hace poco que era muy decepcionante trabajar en un proyecto o pelear para sacar adelante proyectos culturales desde una institución pública y leer después en la prensa cómo el trabajo de los gestores es criticado. Creo que no debe ser menos decepcionante que lo que están viviendo creadores y agentes culturales locales que ven cómo las instituciones públicas de la ciudad los ignoran mientras invierten el reducido presupuesto disponible en proyectos como éste.