Cuarenta años de ‘Dark Side Of The Moon’

Se cumplen cuarenta años del álbum Dark Side of the Moon de Pink Floyd. El tiempo no corre, vuela. La efemérides está siendo recogida por los medios de comunicación y sobre todo por innumerables foros, blogs y páginas dedicadas al rock en Internet. Poco más se puede añadir sobre esta grabación que marca un hito en la cultura y la música popular contemporánea. No estaría de más recordar el ámbito de cambios culturales en el que se fraguó, el del rock progresivo de los ’70. A cuarenta años vista, podemos observar como lo cotidiano de hoy fue extraordinario en aquel momento, aunque no nos diéramos cuenta de ello. La perspectiva que da el tiempo hace ver las cosas con otras dimensiones.

Dark Side of the Moon, dio a Pink Floyd su primer nº 1 estadounidense y permaneció en las listas de Billboard 741 semanas, en las listas del Reino Unido permaneció durante más de dos años. El álbum no salió de la nada. En el momento de su grabación, Pink Floyd, llevaban más de ocho años en los escenarios y habían sido, junto a Soft Machine y AMM (el grupo de Cornelius Cardew y Keith Rowe), los animadores del club UFO –sede emblemática de la psicodelia londinense durante la segunda mitad de la década de los sesenta. Habían realizado la banda sonora de varias películas y, sobre todo, venían precedidos por la grabación de ocho álbumes anteriores, uno de ellos, Atom Heart Mother, ya había sido número uno en ventas en el Reino Unido un año antes.

Una idea que se introdujo en la escena del rock de finales de los ’60, fue la noción, muy darwiniana, de “progreso”, por la que el rock se valoraba en términos de evolución y complejidad musical, poética y emocional. El rock, empezó a utilizarse como una forma musical compleja y, simultáneamente, como medio de autoexpresión creativa que no estaba sujeto a exigencias comerciales. Lo primero fue motivado por la creciente importancia de la grabación de LPs. Los músicos, al grabar discos de larga duración que se vendían, podían permitirse desarrollar sus ideas musicales y olvidar las implicaciones comerciales más directas, y aquí fue donde se hizo relevante la otra dimensión del nuevo rock, las pretensiones artísticas de los músicos eran apoyadas por un nuevo oyente que compartía esta idea de rock, una nueva audiencia que quería “apreciar” la música más que consumir pop.

La idea del rock como arte eclosionó con la publicación del LP Sergeant Pepper’s… de los Beatles, aunque estuvo precedida por el éxito comercial de Bob Dylan y los valores de autoexpresión, honestidad y sinceridad que su música representó para toda una generación. Dylan se convirtió en el símbolo de una nueva actitud: era valorado por su estilo individual, sus intuiciones personales, su posicionamiento y visión del mundo, su poesía y su voz. Los músicos de rock profesionales se encontraron en una única (y lamentablemente temporal) situación en la que arte y mercado aparecían como elementos complementarios, no opuestos. Las posibilidades del rock estaban determinadas sólo por la creatividad, habilidad y valores expresivos de sus creadores. La música se convirtió en un elemento simbólico en el que experiencia personal y musical se fundían. Los músicos de rock aparecían como creadores, libres de limitaciones en sus experiencias musicales. Su modo de hacer, sus soluciones concretas a los problemas de hacer música profesionalmente, deben entenderse en referencia a su relación con la audiencia. Para las discográficas, el rock progresivo vendía y si vendía funcionaba.

La naturaleza experimental de la música, la complejidad estructural que fue adquiriendo y los elementos de expresión, innovación y eclecticismo sugerían significados que gravitaban enfáticamente en torno a nuevos valores, alternativos a los que dominaban la vida social de la época. Además de la música norteamericana de la que procedía el rock –blues, country y rhythm&blues– los músicos tomaron muchos elementos de la música folk, del jazz contemporáneo y de las vanguardias de la música académica: Bartok, Stockhausen, Cage, Boulez, Riley, Satie, Ligeti, Messiaen o Varese eran referencias frecuentes y parte de la cultura musical de los músicos.

Pink Floyd, King Crimson, Van Der Graaf Generator y Soft Machine en el Reino Unido, Magma en Francia, Can y Amon Dull en Alemania, Premiata Forneira Marconi en Italia, Plastic People of the Universe en Checoslovaquia, Frank Zappa en USA, por citar unos pocos, fueron la punta del iceberg de una música que, en muy diferentes formas, se hizo presente en todo el mundo occidental. En España los grupos andaluces, Goma, Imán Califato Independiente y Triana, entre muchos otros, y los grupos catalanes de la llamada Música Layetana: Iceberg, Fusioon, Música Urbana, fueron algunas de sus excelentes repuestas nacionales.

Aquello era rock, después vinieron las definiciones, las etiquetas, las clasificaciones y todo lo que ocurre cuando algo, inevitablemente, se hace historia. Que ha pasado en estos cuarenta años en el mundo del rock es el tema de infinidad de artículos, libros y documentales. Hay opiniones para todos los gustos y perspectivas. Cada cual puede hacerse la composición de lugar que más le guste. Las grabaciones están ahí. A ellas volvemos a diario. Son la banda sonora de nuestros recuerdos más vívidos y, aún, de los momentos más vitales.

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Un pensamiento en “Cuarenta años de ‘Dark Side Of The Moon’

  1. Muy, muy bueno, cuarenta años del Dark side of the moon, cuarenta años de sueños vividos y como bien dices, parte muy importante de la banda sonora de nuestras vidas.

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